En un país enfermo

Cuando te levantas cada mañana y tomas el transporte público y ves las actitudes, las caras de la gente, y oyes lo que dicen, de lo que hablan, percibes su humor, hueles su preocupación, intuyes sus problemas y escuchas claramente otros, cuando sigues durante la mañana esforzándote por sonreír, por dar la buena cara a la gente, por seguir emprendiendo e intentar que los demás lo hagan contigo, cuando tomas el café del mediodía y sigues percibiendo las caras, oyendo los diálogos, oliendo los humores…., cuando vuelves de comer y afrontas la tarde y ves lo mismo y escuchas lo mismo y hueles lo mismo, cuando llegas a casa y pones la tele y ves las noticias, cuando cenas con problemas, propios, familiares o de amigos y te vas a la cama preocupado para iniciar otro día igual que el anterior, y cuando eso se repite de forma rutinaria y machacona durante días, semanas meses y hasta años, acabas pensando que vives en un país enfermo.

Y seguramente no pienses mal. Seguramente estés acertando incluso sin pensar mal Lo más probable es que, en efecto, te encuentres viviendo en un país enfermo. Enfermo de miedo, de miedo al miedo a tener miedo, que es el peor de los miedos. Un país en que cada mañana se te machaca desde los medios de comunicación tradicionales con pastillas de miedo; con motivos para preocuparte: bien los mercados, bien las pensiones, bien los controladores, bien los descontroles presidenciales o de los opositores al presidente en su propio partido, o de la oposición, o de los opositores de la oposición…..

Y esto mina. Esto va causando implacablemente un estado de depresión lenta, progresiva pero segura, que paraliza; que hace que tus reacciones sean más lentas, menos seguras. Esto acaba con cualquier paciencia y con cualquier moral.

Si además tienes oportunidad por tu trabajo, tus viajes, tus condiciones de vida, de comparar, de poder ver otros países, otros paisanos, sus actitudes ante la creada crisis, su voluntad hacia su país, hacia sus dirigentes y demás, te sigues dando cuenta que vives en un país enfermo. Tal vez, eso sí, existan otros países enfermos. Pero esta España de hoy, unos por otros barriendo mierda, otros por unos la casa sin barrer, está claro que necesita un doctor, o bien un equipo médico cualificado, con las medicinas adecuadas para paliar primero los dolores y curar después de una vez por todas a este eterno país de pandereta y solo folklore en el peor de los sentidos.

La actitud hacia el emprendimiento, la pérdida progresiva de los derechos sociales, la merma implacable del bienestar, la política errática, la chapuza como herramienta diaria de trabajo, el liarlo todo para hacer poco o nada, la dilapidación del dinero público en I+D+I que acaba dando un resultado CERO por no sostenibiliidad, todo en suma, sigue apuntando hacia esta enfermedad coleciva que parece irreversible.

Toca pues, no deprimirse, no contagiarse, transmitir lo mejor de uno mismo, al menos a su círculo más allegado. Toca por tanto, respirar el aire que no pueden parar, alimentarse, dotarse de fuerzas y seguir. VIVIR; y vivir a pesar de los lentos asesinos de ilusiones que cada minuto tratan de necrosar más y más partes de nuestra enferma sociedad.

Desde este humilde blog, diario de navegación de un emprendedor tardío, reivindico el derecho a no tener miedo, el derecho humano a no ser cortapisado, asustado, alienado…. El derecho a librarme de la enfermedad de los políticos (de los políticos visibles) actuales. El derecho a una vida 2.0 de una vez, sin nadie que pare el progreso en aras a un progreso político que no existe; en aras reales a un progreso individual de muchos individuos.

2 comentarios en “En un país enfermo

  1. Hace ya tiempo que veo triste a este país y lo peor es que parece que solo unos pocos nos damos cuenta del riesgo real que corremos.
    Me uno a tus revindicaciones, tenemos el deber de abrir los ojos a quienes aún tienen tanto miedo como para darse cuenta de la realidad.

  2. Bueno: Me alegra que existan más que se enteren de esto. Creo que es más grave de lo que aparenta, y creo que hay que acabar con ello.

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