Imagen de un semáforo, solo la parte de las tres luces.

Semáforos acústicos; Mucho ruido y ¿muchas nueces?

Lamento preliminar

Por alguna extraña razón, esta es la segunda vez que escribo este post, y no me va a quedar igual que la primera, naturalmente, debido a que no he podido de ninguna forma, volver a la versión anterior en este WordPress de mis pecados y de los de muchos . 😉
El caso es que, publicado el artículo ayer, esta mañana me aparece vacío de contenidos y al no encontrar versiones, pues me veo obligado a escribirlo de nuevo. 😊

¡Al grano!

Si yo no fuera un resiliente como la copa de un pino, cuestión esta más que demostrada en mi ya larga vida y que además se me reconoce en este libro, Resiliencia; gestión del naufragio, donde aparece mi historia al lado de otras de personas mucho más famosas e importantes que yo, si no lo fuera, en mi carrera prolífica dedicada a las tecnologías sociales y centradas en la persona, tendría, al menos dos grandes frustraciones: Los semáforos acústicos y los cajeros automáticos.
De los segundos, seguramente caerá algún post, pero voy a ocuparme ahora de los ruidos, las nueces y las sombras de esos postes de luz que regulan el tráfico de vehículos y personas.
Cuando en 1986 comencé a trabajar en la vieja UTT, hoy Centro de Investigación de la ONCE, abordábamos ya la construcción de semáforos acústicos algo inteligentes. Que fueran capaces de regular el volumen de su sonido de acuerdo al ruido ambiente, que se activasen con mandos a distancia, cuyo ruido fuera también una ayuda para que las personas ciegas pudieran orientarse hacia los semáforos…
Trabajábamos en efecto sobre ello y todavía no se ha conseguido una estandarización en estos elementos que para la gente que ve son tan sencillos como ROJO, AMARILLO y VERDE, y para nosotras, las personas ciegas, un cúmulo de diferentes ruidos, según la región, Comunidad Autónoma, ciudad y casi pueblo en el que nos encontremos.
Desde el silencio más absoluto, y ya te apañarás para cruzar tú o que te cruce un buen ciudadano, hasta la femenina voz que canta el nombre de la calle que puedes cruzar seguido el tal anuncio de pitidos estridentes, hasta los gorjeos agudísimos… La panoplia de ruidos a disposición de la persona ciega Española es grande, variada, diversa y desorganizada; ¡vamos; muy mediterránea! 😉
Sabido es que nuestra España de las legislaciones incumplidas, de la accesibilidad caótica y de otras cuantas cosas que no me pararé en enumerar ahora, es un país altamente ruidoso: Nos gusta gritar, hablar alto en los bares y casi en cualquier lado, y tal vez esto se ha transportado a nuestros semáforos. Suenan alto y agudo, y aquí, en lo agudo del trino, pitido, tritono o monofonía semafórica, estriba parte del problema que yo percibo y los vecinos también.
Siendo yo persona ciega y comprendiendo la necesidad de este tipo de artilugios, viviendo en un segundo piso en mi ciudad natal de A Coruña, sufrí en mi cerebro, carnes, cuerpo y partes fantasmas, la tortura que supone vivir cerca de un semáforo que, a parte de pitar aguda y regularmente, te castiga el oído con aquella femenina, agradable y conocidísima voz (era compañera de trabajo) soltando unas 10 veces cada vez que el semáforo estaba abierto:
Avenida de la Marina. Pueden cruzar.
Hay, en efecto, muchas formas de tortura en el mundo, pero juro que esta es una de ellas. Tengo que confesarles que estuve a punto incluso de creer en la homeopatía por aquellos tiempos. Menos mal que me mudé de casa, y ahora hasta trato de cruzar, cuando a Coruña voy, por cualquier sitio que no sea la avenida de la Marina.
Hay ciudades, como Madrid, donde, debido a estos gorjeos mediterráneos, no menos ruidosos que ambulancias y otros ruidos urbanos pero sí más regulares en el tiempo y forma, desconectan los semáforos acústicos a las 10 de la noche. Por ello, es mejor como persona ciega que, bien recuperes la vista en horario de 10 a 8 de la mañana, bien te abstengas de salir solo o te atengas a las consecuencias silenciosas de no poder interpretar el estado del semáforo.
Para completar la ensalada mediterránea, tenemos mandos a distancia, que se proporcionan creo que en la ONCE, no sé si a todo el mundo o solo a sus miembros, que funcionan en algunas ciudades. Así que que no se nos ocurra ser persona ciega Belga, por decir algo, y venir a una de estas ciudades sin pasarse antes por la oficina donde aportan el mando, porque si no lo hacemos, no podremos interpretar el semáforo a no ser que alguien con mando pase a nuestro lado.
El gorjeo agudo, además, como es muy sabido, no facilita la localización del poste, que marca a su vez el camino por donde cruzar. Pónganse en un cruce de dos calles estrechas con cuatro semáforos. A veces, y sobre todo si no están en el recorrido habitual de uno, es imposible distinguir qué semáforo está sonando y por tanto, la interpretación se hace dudosa.
Esta es a mi entender la situación actual, abierto quedo a comentarios pero:

¿Hay soluciones?

Debe haber, en efecto, más de una. Yo, que he expuesto el problema, he visto en varios países, Bélgica entre otros, una que me parece más razonable, estándar, seguramente más barata y desde luego mejor, técnicamente. Son los semáforos de chasquidos.
Producen estos semáforos unos chasquidos parecidos a lo que hacemos con los dedos. Es un ruido poco molesto, no se alza sobre el ruido ambiente general, y, lo que es muy importante, nos hace situar perfectamente su fuente; el semáforo, con lo que nos orienta hacia el sitio donde cruzar.
Estos semáforos colocan la fuente de sonido en el poste y muy abajo, a la altura de una persona, para que esta orientación sea mejor, y no como en la mayoría de los casos de los semáforos agudos, cuya fuente proviene en muchos casos de lo alto del poste.
Los semáforos de chasquidos tienen dos frecuencias en su producción: Cuando se puede pasar, es más lenta, y cuando no, más rápida, o al revés, que de esto no tengo una idea diáfana en este momento. En cualquier caso, una vez entendido el código, si no podemos cruzar, sí nos podemos orientar hacia el cruce, y cuando podemos, a parte de orientarnos, cruzamos.
En algunos sitios, y como el sonido es fácilmente localizable, se colocan letreros en Braille que informan de la calle o las calles que cruzan. Me ofrezco a hacer uno de la Avenida de la Marina si implantan el sistema en Coruña 😄 .
Claro está que para este tipo de semáforos, no es necesario ni mando, ni cortes nocturnos dado que, y lo he comprobado, a la altura de la ventana del vecino, ni se perciben.
Dudo sinceramente que en España lleguemos a esto: nos gusta gritar, que las cosas griten y sacamos mucho partido a la diversidad.
Pero dejo acá esta solución para que al menos los lectores la conozcan.

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