De tú a tú. Homenaje a Antonio Vicente Mosquete

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Antonio Vicente Mosquete

Hoy hace 30 años de la creación del primer Consejo General de la ONCE. Con años de retraso, seis concretamente, con respecto al devenir del país, el 26 de Abril de 1982 se proclama la democracia en la ONCE, a imagen y bastante semejanza de la existente en aquella ilusionada e ilusionante España, recién despertada del “panderetazo” y viva al fin a libertades y aperturas.

Muchos de los que vivimos aquel tiempo, en la ONCE y en España, en una ONCE integrada en España por la relación de marca, causa, efecto e ilusión, vivida luego de torturas y fracasos, de una corporación de derecho público de carácter asociativo que, como la ONCE, había ayudado a nuestros padres y abuelos en los años difíciles, esperábamos de este tiempo que se abría en 1982 una nueva etapa.

Se trabaja, se pacta, se habla, se consensúa: “Menos vendedores en la calle. Mantener el juego pero como fuente de ingreso. Integrar a la gente, a nuestra gente, en la sociedad. Educar a los jóvenes en libertad. Conservar la imagen de marca”…..

Tiempos de ilusión, de proyecto y de trabajo; duro trabajo. En una parte, los conservadores a ultranza, intentando parar el progreso como fuera. De otra parte, las condiciones de una España desperezada de golpe, con ducha democrática de agua fría y con ánimo de ir a por todas.

Conocí a Antonio Vicente Mosquete en 1973. Venía yo de un colegio, el Santiago Apóstol de Pontevedra, del que jamás escribiré un libro y de una época, 1966 a 1972, especialmente negra, especialmente cruel, especialmente inolvidable para los que fuimos educados a palos.

Esas épocas en las que una falta de ortografía te costaba cinco golpes de vara de mimbre en las uñas, y perder el tacto unas horas; ese tacto que se usaba precisamente para leer Braille. Una época pedagógicamente perfecta para la cultura, otra vez imperante, del XIX.

Un tiempo en que la masturbación estaba castigada con duchas de agua fría pero en la que las monjas “jugaban” con determinados niños pequeños o en la que perdimos a tres capellanes por huír o por escándalos con monjas de las que nos “cuidaban”.

Una época en que se nos dividía al entrar (imágenes tengo ahora de películas como “The wall”) entre SUB NORMALES y NORMALES. Y en la que los supuestamente NORMALES, entre los que tuve la desgracia de caer, si veníamos con cosas aprendidas, o defectos como leer Braille desde los 3 años, que era mi caso, éramos ya mirados raramente y calificados de “VAGOS”.

TODO dentro de lo normal según las normas normales de la normalidad pedagógica educativa vigente, vigente hoy en día en que se han suprimido los palos pero en la que igualmente “se dan palos”, ahora también a las economías de las familias.

Época en fin, en la que se grababa a fuego el “tú eres menos que los demás”. “Los demás ven y tú no.” Los “Por eso, eres IN VÁLIDO”. Bueno: hoy ya hemos avanzado del MINUS (que yo no viví en mi colegio) al DIS de estos tiempos XIX2.0.

La consecuencia lógica: “Nosotros estamos aquí para salvarte. Te haremos equiparable. Te haremos igual. Te integraremos. Sigue nuestros pasos y serás feliz”.

Y en 1973, con un tercero de Bachillerato, aterrizo en Madrid, en Chamartín, en el Paseo de la Havana. En un régimen totalmente abierto, sin palos, sin tanta motivación ni lavado, ciertamente un poco más hippy y un poco más guarro, idóneo para haber pensado en la manzana, y no precisamente la de Eva si el colé hubiera estado en California en vez de rodeado por calles como “Comandante Franco” o “Caidos de la división Azul”.

Y lo recuerdo como si fuera hoy. Un aula, un después de recreo esperando una clase de inglés, un tipo que entra y aún no sabes si es compañero ni de qué parte viene, que se sienta entre nosotros, comienza a hablarnos de tú, y a la media hora, por la conversación, empezamos a deducir que debe ser el “profe de inglés” y que aquello es la clase.

Yo creo que lo recordaré siempre. Fue una ruptura tan grande y tan de golpe, el hablar de tú a tú con alguien que era realmente 4 o 5 años mayor que tú, del que pensabas cómo demonios podría ser ya profe si tenía 19 o 20 años y tú 14…. Y un tipo con el que se aprendía a base de escuchar música, analizar letras profundas como las de Dylan o tan inocentes como las de Beathles.

Era imposible, al menos para gente como yo, no adorar el inglés, la charla, la filosofía, el debate, luego de haberte encontrado con Antonio. Era imposible negarse a quedar con él en algún bar luego de clase. Era necesario charlar de la ONCE; de su pasado histórico y de los cambios de futuro que había que hacer necesariamente. Era importante estar con Antonio porque su propia humanidad humilde te hacía sentirte importante.

Y yo, y otros como yo, no nos negamos nunca a los vicios, interprétese como se quiera, y sobre ese respetuoso tratarse de tú, mucho más respetuoso que los casi siempre traicioneros tratos de Usted, se fue forjando la ilusión, el trabajo, el tratar de devolver a una organización tan importante lo que ella te dio….

Hoy me quedo aquí, nueve años después de conocer a mi profe de inglés, cuando preside el primer Consejo General de la ONCE. Hoy reproduzco mi comentario en su web, que hoy se estrena y que enlazo aquí. Hoy, como piden en su web http://www.antoniovicentemosquete.com/ hablo con él, absolutamente vivos los dos, y reproduzco esa conversación:

Hablo con Antonio a través del tiempo y la tecnología, igual que hace tiempo hablaba con él de tecnología. Hablo de historia viva en un tiempo muerto. Muerto por la mediocridad opuesta a la CULTURA con mayúsculas que Antonio y otra gente de su tiempo, de mi tiempo, que aún es mi tiempo y su tiempo, propiciábamos. De ese tiempo de ilusión basado en tierra firme, en tiempos de depresión basados en basura de lodo podrido que se ha creado a base de destrozar todo sin reciclar.
Hablo de él, con él , hacia él y en vivo. Escribo como hablo y estreno foro tecnológico para dirigirme al primer maestro, al que con Bob Dylann, Beathles, Everly Brothers pero sobre todo al que con respeto mutuo, traté de tú, porque él abrió esa puerta.
Escribo, hablo y saludo esta iniciativa y revive mi corazón y mi recuerdo con la memoria histórica de la historia que tratan de lanzar por el fregadero.
Declaro mi rotundo NO a la mediocridad y mi MIL VECES NO a la MIEDOCRIDAD.
Un fuerte abrazo Antonio. Nos seguimos viendo en los bares, y en los foros donde se construye. A los delimitadores de las cosas, les dejamos otros foros FUERA.

Hoy se queda esto aquí. Este año queda mucho por decir, y los años venideros y este, mucho por hacer. Pero sobre todo, despertar y no conformarse con la MIEDOCRACIA.

 

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